domingo, 6 de mayo de 2018

La Zuda: cimientos romanos, origen musulmán y testigo perpetuo

Zaragoza,05/05/2018,heraldo.es,Mariano Montañés


El Torreón de la Zuda es un edificio de interés monumental que ha sido referente para las diferentes culturas que se han asentado en la capital aragonesa.

El horizonte que se dibuja en Zaragoza ha cambiado desde su fundación hasta la actualidad. La Torre Nueva, el edificio de la Adriática o el conocido como Pirulí de Telefónica han marcado un antes y un después en las alturas de la ciudad. A los citados se puede sumar el Torreón de la Zuda. Se trata de un edificio catalogado de interés monumental que en su momento tuvo que llamar la atención dado el número de plantas. Ahora parece descansar escondido entre la iglesia de San Juan de los Panetes y la vegetación que envuelve a las Murallas Romanas.

Precisamente tiene cimientos romanos, ya que fue construida sobre uno de los torreones del antiguo tapial defensivo, a pesar de que su germen es musulmán. Tal y como se puede leer en la hemeroteca del Archivo Municipal, “su nombre tiene el origen en la denominación del alcázar o conjunto de fortificaciones, residencia del gobernador musulmán y casa de gobierno”. Esto demuestra que desde que se levantó ha sido hogar para la política. Cuando el rey Alfonso I de Aragón conquistó la ciudad, la primera plaza que tomó fue el Torreón de la Zuda, convirtiendo de esta forma el alcázar musulmán en palacio para los reyes cristianos, al menos hasta el siglo XIII.

Sin embargo, no siempre ha sido lugar de descanso para la realeza, sino que también ha hecho las veces de cárcel de reyes. Jaime I el Conquistador y su esposa Leonor estuvieron presos en esta torre durante 1224, tras unos levantamientos causados por el descontento de la nobleza aragonesa. Así que fue palacio y penal, además de sede para diferentes instituciones.

La Orden Militar de los Caballeros del Santo Sepulcro o el Instituto de las Adoratrices, con el infante Francisco de Paula como Gran Castellán de Amposta, han ocupado las paredes de este edificio, según se recopila en su ficha técnica del Ayuntamiento. Durante la estancia de las religiosas, desde 1857 y hasta 1910, el torreón fue restaurado. Treinta años más tarde se derribó el conjunto del convento, tal y como se señala en la citada hemeroteca, “quedaron en pie el torreón, las murallas todavía integradas en las viviendas y la iglesia hospitalaria”, es decir, San Juan de los Panetes.

Esa sería una de las intervenciones que se llevaron a cabo. En todas ellas se ha intentado mantener la apariencia exterior del torreón: su planta cuadrada y los cinco pisos separados por impostas de ladrillos. Dos intermedios se adornan con una serie de arcos de medio punto, mientras que en el más alto están trasdosados. La última restauración se acometió en el año 2000. Fue entonces cuando se convirtió en un lugar clave para los visitantes: una de las oficinas de Zaragoza Turismo.

Acercarse hasta allí permite recopilar información sobre los monumentos en distintos idiomas y también conocer el centro de la ciudad desde una vista diferente, por lo que no solo es una idónea opción para los turistas, también para los vecinos de la capital aragonesa. En la diáfana quinta planta se emplaza el Mirador de la Cuatro Culturas. Se viaja a todas etapas de la ciudad gracias a la panorámica que regalan los ventanucos. Se conoce la íbera Salduie, la Caesaragusta más romana o la musulmana Saraqusta, para terminar en la Zaragoza actual. Se puede visitar de lunes a sábado, de 10.00 a 14.00 y de 16.30 a 20.00. Los domingos solo en horario de mañana.

Cuando se atraviesa la puerta de arco apuntado se descubre un edificio que es como la propia ciudad. Si se mira al suelo se adivina el inicio, con los vestigios romanos que hay bajo la cristalera. Pero si se mira hacia arriba se asciende, piso a piso, por la historia de Zaragoza, siempre, con el Ebro al lado.

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