miércoles, 10 de abril de 2013

Un informe denuncia la mezcla de delincuentes y no delincuentes en los CIE

 BARCELONA, 10-04- 2013, La Vanguardia.


El Servicio Jesuita para Migrantes alerta de la falta de derechos en los centros de extranjeros

Un informe sobre los centros de internamiento de extranjeros (CIE), elaborado por el Servicio Jesuita para Migrantes, afirma que “ningún ser humano es ilegal” y que, por tanto, los extranjeros no pueden ser “encerrados” en estos centros para ser expulsados de España por el mero hecho de no disponer de permisos de residencia. A los CIE –donde pueden permanecer hasta 60 días– llegan extranjeros que carecen de residencia porque han perdido su trabajo, incluso con hijos de nacionalidad española a su cargo, o jóvenes que dicen ser menores, inmersos en largos viajes migratorios. Y todos ellos se mezclan con extranjeros que han cometido delitos y están también pendientes de expulsión.

Para documentarlo se han realizado más de mil visitas a 328 personas internadas en el CIE de Madrid y un seguimiento de otras 55 en el centro de Barcelona, al que no pueden acceder las entidades sociales. “Es un informe duro, pero más dura es la realidad de los extranjeros que viven en los CIE, a los que se les somete a un sufrimiento gratuito”, explicó ayer en Madrid el jesuita y director del Centro Pueblos Unidos, Daniel Izuzquiza, quien recordó al Gobierno que tiene la oportunidad de resolver todas las deficiencias y vulneraciones de derechos con el reglamento pendiente de aprobar para regular su funcionamiento.

“Están todos mezclados, delincuentes y no delincuentes”, dijo la coordinadora del informe, Cristina Manzanedo, quien reclamó mayor transparencia al Gobierno, al que acusó de criminalizar los CIE, al señalar que el 87% de las expulsiones de extranjeros en el 2012 fueron por la comisión de delitos. El informe denuncia que las condiciones son muy deficientes, por las infraestructuras y por la imposibilidad de ejercitar derechos como el de ser informados, comunicarse con el exterior o tener contacto con familiares o entidades sociales. “Hemos constatado que las condiciones de muchos de los internos son muy malas; su detención provoca angustia, sufrimiento, desesperanza y sensación de que, en un momento, se les ha roto la vida”, aseguró Izuzquiza. También señala que se traslada a potenciales víctimas de explotación sexual, sin asesorarles sobre las posibilidades de defenderse, e incluye relatos de extranjeros que denuncian haber sufrido agresiones físicas dentro de los centros.


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